Raíces Cuadradas

Otra vez vengo a pediros consejo, opinión, ayuda, recomendaciones y sugerencias. Como si fuerais el consultorio de Elena Francis, pero en plan comuna. Y no son de matemáticas, a pesar del título. Sino porque tengo un dilema existencial, que nunca antes se me había planteado: las raíces del pelo.
Esas grandes desconocidas para mí hasta que en la peluquería decidieron ponerme el color de tinte que les salió a ellas del papo.

¿Recordáis que en Nochevieja fui a la pelu a retocarme el tinte vegetal y las puntas, y que les pedí que me pusieran el color algo más oscuro, y que al final el que me salió fue uno más claro aún? Un castaño praliné, muy marroncito, muy mono, muy brillante al salir de la pelu. Muy porculero molesto cuando a la melena le da por crecer. Porque a mí el pelo me crece despaaaaaaaacio, pero hombre, algo me crece. Y parece que ahora le ha dado por crecer más rápido. Bieeeeeeeen, bien. Eso está muy bien. Salvo por el hecho de que en menos de un mes se me ven ya unas raíces oscuras que no me he visto en la vida. Que parezco Loli Álvarez, pero sin el rubio platino. Y sin Leonardo Dantés y Toni Genil alrededor, claro.

Y me está dando una rabia… Así que he decidido adentrarme en un mundo desconocido para mí: el de los tintes caseros. Porque paso de ir otra vez a la peluquería, que me cueste otra pasta que ahora no puedo gastarme y que al final terminen poniéndome, otra vez, lo que a ellas les parece bien. ¿Que me va a quedar muy oscuro? Pues que me quede, chica, que me quede. A juego con el futuro que tenemos por delante. Además, ya conozco yo a mi pelo, y el muy ladino está decidido a absorber poco tinte, con lo cual la oscuridad me dura poco.



Y aquí es donde entráis vosotras. Porque, como os he dicho, en la vida he utilizado un tinte casero. Y ni sé cómo ponérmelo, ni qué color coger, ni qué marca. Que ayer me acerqué al Bodybell y entre que eran las dos menos tres minutos y cerraban y que me vi delante de un estante con Garnier Nutrisse, Garnier Herba Brillo, Naturtint, L’Oreal Excellence, L’Oreal Casting Gloss, y la madre que lo trajo y el castaño praliné, el castaño chocolate, el castaño intenso, el negro azulado, el negro violín y la otra madre que lo trajo, casi entro en cortocircuito. Qué estrés, por dios. A punto estuvieron de salirme canas, creo yo.

Total, que por favor os pido que me digáis. ¿Cuál es la marca que me recomendaríais? ¿Qué color, teniendo en cuenta que quiero un castaño oscuro pero no negro, más bien tirando a chocolate (sin leche), y que quede muy brillante, con mi pelo de base castaño normal (castaño soso, vamos)? ¿Y cómo me lo aplico? ¿Parecerá que mi baño ha sido escenario de una guerra con armas químicas después de que me ponga manos a la obra?

A mí no me la das

Que no nos cuenten milongas, por favor…
Hoy vengo reivindicativa. Porque es lunes. Y dicen que el día más triste del año (¿?). Y porque estaba leyendo una revista esta mañana y me he encontrado la típica entrevista a una chica estupendérrima donde le preguntaban qué hacía para estar así de bien. Y la tía, ni corta ni perezosa, soltaba la frase de siempre. ¿La adivináis, no? Venga, que os doy pistas: dormir; agua; limpiarme la cara por la noche.

¿Pero es que se creen que somos bobitas, o qué? Si estos “trucos” fueran tan efectivos, la industria cosmética y de dietética no facturaría millones de euros cada año. Y todas estaríamos cañonas. Pero no es así. Y la genética ayuda, pero no me creo que todo el Star System tenga la fantástica suerte de tener una genética que les permite tener cuerpazos y pieles de seda sin esfuerzo.

A mí lo que me gusta es la sinceridad. La naturalidad. Saber que estas personas de las revistas y las películas de algún modo son como nosotras. Con sus defectos y sus esfuerzos para estar bien.
Por ejemplo, hace poco leí una entrevista a Sharon Stone (o eso decían, al menos, que muchas veces una no sabe si la entrevista es real o se la han inventado) y decía que para estar así de estupenda, tiene que cuidarse mucho. Que su comida, básicamente, es muy sosa y se basa en frutas y verduras. Que se ha puesto bótox, aunque lo ha dejado. Que se pone muchas cremas (de Dior, claro, no te jiba; a ésta no la veremos en Mercadona comprando las de Deliplus, aunque mira que son buenas). Que no le gustan sus nalgas y tiene que hacer mucho ejercicio para mantenerlas bien (mira, por lo menos no dice que lo que menos le gustan son “sus pies”, como dicen la mayoría de las petardas. “Odio mis pies” dice una entrevistada. “Esta chica es tonta” es la frase que me sale automáticamente cuando la que lo ha dicho es una supermodelo). También dice la Stone que bebe mucho té y toma todos los días una infusión purificante (si alguien sabe qué coño es eso, que me lo diga porque la quiero ya; necesito purificar mi piel; y mi cuerpo; y mi alma, que soy una arpíaaaaaaaa, como podéis leer). A lo que vengo con todo esto es a que esta mujer, que qué mujer, por dios, no es un extraterrestre y reconoce que tiene que cuidarse, y mucho, para que la veamos como la vemos (sin contar el photoshop).
Otra que también es clara es Ariadne Artiles. Mira que me gusta esta chica, oye. Natural como la vida misma. Bueno, vale, el pecho no lo es (por cierto, otra petición: el nombre de su cirujano; es sólo por saber, ¿eh?), pero al menos reconoce que se pasa hora y media en el gimnasio todos los días para tener ese cuerpazo, y que cuida mucho su alimentación, y más aún si tiene algún trabajo en ciernes (es decir, casi siempre).
Lo que quiero decir es que me molesta que nos tomen por tontas. Vale que la mayoría de estas personas no pueden dar marcas de productos porque se cerrarían puertas a futuros contratos de publicidad (yo voy a hacer lo mismo a partir de ahora, que nunca sabe) y no es plan de decir que están amargadas venga a dietas, venga a ejercicios, venga a tratamientos. Pero que nos digan siempre la frasecita de “para estar así de estupenda, sólo tengo que dormir mucho y beber mucha agua. Ah, y comer de todo, a mí me pirra el chocolate”. ¿Cómoooorrrrr? Éstas a tomar chocolate lo llaman oler una onza durante cinco segundos, que más tiempo engorda. Y del puro sin azúcar, vayamos a leches…

En fin, poquito a poco a lo mejor lo conseguimos. Mirad, Nicole Kidman, que acaba de reconocer (no sabemos si bajo tortura o amenaza de hacerla volver con Tom Cruise) que se ha puesto bótox. ¿Bótox sólo? Maaaaaaadre mía. ¡Si parece un muñeco de José Luis Moreno! Pero es un comienzo. Lo mismo en una de éstas la Pataky reconoce que se operó la nariz. Y los pómulos. Y el pecho. Y las cartucheras. Y… Ufff, eso daría para más de una revista, ¿no?

Vaaale, lo siento. No tengo nada en contra de Elsa. ¡Pero que no nos la quiera dar con queso! (que engorda)

McGyver, Rosa McGyver

Aquí estoy de vuelta. Dispuesta a contaros mis aventuras de mis vacaciones. 

Tranquilas, no voy a hablaros de Mar Caribe, días soleados con altas temperaturas, hoteles maravillosos y aguas cristalinas. 

Porque, entre otras cosas, nos ha costado un poquito verlos (pero, todo sea dicho, lo hemos disfrutado). 

Ni tampoco os voy a contar toda la lista de despropósitos que hemos experimentado (retraso en el vuelo, un pasaje para colgarlo por los coj, digo por los pulgares, del palo más alto, pérdida de una maleta durante tres días, hotel horrible hasta que conseguimos que nos cambiaran a uno en condiciones, cortes de agua cuando uno está enjabonado, llamadas a las 2 de la mañana para hacer bromitas...). Más que nada, por no acordarme. Aunque ahora, en la distancia, nos reímos de todo. Pero madre mía, habríamos matado a más de uno y más de dos...

Lo que os quiero contar, ya que esto es un blog de belleza, es cómo me apañé durante tres días sin neceser. Sin pinzas de depilar (y yo sin depilarme las cejas no quedo con un aire a lo Natalia Vodianova, sino más bien a lo Macario, me parece a mí). Sin contorno de ojos (con lo que yo tengo en los ojos: bolsas, ojeras, primeras arrugas...). Sin gel, champú, acondicionador ni peine de púas anchas (y mi pelo no se pude desenredar con cualquier cosa, porque se parte con mirarlo). Sin líquido para las lentillas (menos mal que las que llevo puedo ponérmelas hasta una semana sin necesidad de quitármelas para dormir, porque si no iba a ir como Rompetechos por la playa). Sin exfoliante. Sin aftersun...Sin nada. Vamos, un horror.

Menos mal que en el bolso llevaba, a falta del neceser de emergencia que llevo siempre en el bolso (porque con lo que llevo ahí no me habrían dejado subir al avión pensando que iba a fabricar un bomba en pleno vuelo), la típica bolsa transparente con cosas de aseo de emergencia. El serum de Clinique Repairwear Laser Focus, vaselina, sobrecitos de Hidragel de Rosas de Carla Bulgaria Roses Beauty, el protector solar facial con color de Mercadona SPF 50, el cepillo del pelo, y una pastilla de jabón de glicerina. Mi salvación. Y a la que uní cositas que fui recopilando del hotel.

Tuve que sacar a la McGyver que llevo dentro y usar productos que sirven para otras cosas para los fines que yo necesitaba. Para limpiarme la cara, recurrí al jabón de glicerina, que en realidad es para las manos.

 Aunque puede ser un poco fuerte, con la piel que tengo (ya sabéis, grasa como el tocino) me fue bastante bien. Como contorno de ojos, usé la muestra del serum Repairwear Laser Focus de Clinique. Para darle un poco de vida a la mirada por la noche, vaselina en los párpados (les da un brillo y un color natural bastante favorecedor) y en las pestañas (les da volúmen y además las fortalece, aunque si lleváis gafas y tenéis las pestañas largas como yo no es una buena idea a no ser que queráis ver la realidad así como distorsionada por una capita de grasa...). Como protector solar para todo el cuerpo, el facial de Mercadona. Se me veía el escote con un color precioso, a pesar de no haberme dado el sol todavía...

Como aftersun, el Hidragel de Rosas de Carla Bulgaria. Buenísmo porque refresca e hidrata un montón. Como exfoliante, azúcar mezclada con gel de ducha (del hotel, claro) para el cuerpo, y en la cara edulcorante, que es más fino. Y quedé de un dulcecito...mmmmm. Si es que cuando quiero soy un bombón, jaja.
Total, que para cuando nos llegó la maleta, al tercer día, casi ya ni necesitaba las cosas. Me había asalvajado...Bueno, el Listerine sí, estaba como loca por tenerlo. Porque allí compramos cepillos y pasta de dientes, pero la verdad es que estaba todo a precio de oro. Como si fueran de Chanel, vamos.

En fin, podría deciros que al final todo terminó bien. Sí y no. Porque ya teníamos nuestras cosas, nuestra ropa, un hotel en condiciones (Barceló Bávaro Palace de Luxe, muy, muy recomendable; y no os doy el nombre del primero porque es para matarlos), y el sol asomaba entre las nubes cuando le daba la gana. Podíamos descansar. Pero algo tenía que pasarnos el último día, para venir con más anécdotas. Y, como las anécdotas no venían por sí solas, las buscamos nosotros.

¿Que tenemos que hacer el check out pero tenemos toda la mañana para estar en la playa y hay que aprovechar el poco tiempo que nos queda aquí? Pues sí, vamos a ello. Pero qué pereza ponerse protector solar ahora, para luego estar pringados, sin saber si podremos ducharnos (en ese país, nunca se sabe). Y, además, está nublado. Pues cero protector solar, que tampoco va a pasar nada. ¿Que no pasa nada? Naranjito parecíamos cuando volvimos. Qué color, qué refulgencia, qué dolor al ponerme los vaqueros...

Y ahora la parte de belleza correspondiente: me salvó el Hidragel de Carla Bulgaria (hasta tres veces me la puse en el avión), la crema Hidramax+ de Chanel, mucho aceite de baño al aloe vera de Mercadona por las mañanas y la hidratante triple acción de Nivea por las noches en el cuerpo, y la mascarilla hidratante de Sannai. Y mucho cuidado al ponerme los calcetines.

PD: Nunca pongo fotos mías, pero después de contaros todo lo que os he contado, tenía que poner una foto en la que tuviera buena cara para que veáis que no todo ha sido tan malo, aunque lo cuente como lo cuento para que os riais un poco...