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El Resplandor (iluminadores)

Los iluminadores. Esos grandes inventos de la humanidad que han hecho tanto por nuestras caritas. Esos pinceles y polvos mágicos (qué juego da esta expresión, ¿eh?...) que embellecen y borran de un plumazo noches sin dormir (y volvería a usar la expresión, pero seguramente sería una ordinariez), juergas puntuales e imperfecciones permanentes (como mis ojeras). Resumiendo, una maravilla.

Yo tardé en descubrirlos, y lo hice gracias a Tuimagenpersonal. Y también gracias a ver fotos de famosas y venga a preguntarme “Pero, esta chica, ¿por qué siempre tiene esa buena cara, esa luz, esa belleza?”. Aparte del photoshop y la buena suerte de algunas, el iluminador tenía mucho que ver. Si no, mira la foto de Paula Echevarría. Aparte de que es un bellezón la chica, fíjate en los puntos de luz que tiene en la parte alta de los pómulos, la frente, la nariz y la barbilla. Son poco evidentes, pero eficaces. Le dan luz y buena cara. Y se consiguen con el iluminador.

Así que al lío. Lo primero, decidir qué tipo de iluminador queremos o nos va bien. En polvo, fluido o en crema. El clásico Touche Éclat, de YSL, o los también clásicos ya Shimmer Brick de Bobbi Brown. O el relativamente nuevo Mineralize Skin Finish, de Mac. O el iluminador fluido de Clinique en tono dorado, que queda también espectacular, sobretodo si estás bronceada.

Yo tengo Touche Éclat, de YSL, y estoy encantada. Más que eso. Desde que lo probé, y tardé en hacerlo, no dejo de usarlo. Me aplico toquecitos con el pincel bajo la ceja, en la barbilla y en la nariz (y en el lagrimal cuando tengo más cara de cansada, que al final es casi siempre) y difumino con los dedos. De forma súper discreta, te ilumina las zonas y borra los signos de cansancio. Cuando me produzco más porque voy a salir y me pongo base de maquillaje, ojo oscuro y toda la pesca, además me lo pongo en las aletas de la nariz, alrededor de los labios (los hace más carnosos) y en la parte alta de los pómulos. Es maravilloso.
Pero hay momentos en los que queremos más. No sólo tener buena cara y que la gente no sepa por qué (“¿Serán los polvos mágicos?”. Lo siento, no podía evitarlo), sino brillar, resplandecer. Para esos casos prefiero los iluminadores en polvo, porque son más evidentes.

 Como los Shimmer Brick, de Bobbi Brown o Mineralize Skin Finish, de Mac (de esta línea hay varios productos, pero yo sólo tengo unos nacarados). Además de en el rostro, tienen la ventaja de que se pueden aplicar en las clavículas o en las piernas, por ejemplo (si aplicas polvo bronceador iluminador justo en el hueso de las espinillas, las piernas parecen más delgadas). Se aplican de la misma forma que dije antes, y duran más que los iluminadores en crema si tienes la piel grasa, como yo.

Pero cuidado con pasarnos en la iluminación. No lleguemos a brillar cual bombilla o lucero del alba. Y eso es lo que me pasa con el iluminador en polvo que tengo. Si me lo pongo en el arco de la ceja y la nariz, perfecto. Pero como me lo ponga en los pómulos, la barbilla y la frente, parezco una burbuja Freixenet o, peor, Sara Montiel en su fiesta de cumpleaños. Por eso prefiero, para darme luz sin que se note, el iluminador en crema. Y para las zonas que sí que quiero que se noten, el iluminador en polvo.

Para la que no tenga iluminador y esté en economía de guerra, como yo, que sepa que sirve igual una sombra de ojos clarita. Si es nacarada, mejor que mejor. Y que un poco de vaselina en el arco que va desde el final de la ceja a los pómulos hace maravillas (sin pasarse).
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